Cumplida su sentencia en EU, será repatriado a México, pero su destino es un misterio
Cumplida la sentencia que le dictó un juez federal del Distrito Central de California, en 2010, durante un proceso que fue encriptado por las autoridades norteamericanas, el narcotraficante sinaloense, Javier Torres Félix, JT, regresará a México a partir de este lunes.
“Voy a regresar a mi tierra, voy a trabajar duro”, les ha dicho el JT a familiares y amigos con los cuales ha tenido contacto en los últimos meses, durante los cuales ha estado sujeto a los trámites que se requieren para su liberación de la cárcel y deportación de la Unión Americana.
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Sin embargo, fuentes de la Procuraduría General de la República y del Poder Judicial, comentaron a Ríodoce que a Torres Félix le quedó suspendido el juicio que se le seguía desde 2004, principalmente por el asesinato de un cabo de infantería, y que, como está siendo requerido por el Gobierno mexicano, será entregado directamente a las autoridades de este país.
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Javier Torres se encuentra recluido en la cárcel de mediana seguridad de Beckley, ubicada en el condado de Raleigh, Virginia Occidental, a 51 millas al sureste de Charleston y a 136 millas al noroeste de Roanoke, West Virginia.
A ese penal fue trasladado en medio del sigilo, después de que había sido internado en la prisión federal de Yazoo City, en el estado de Mississippi, luego de ser sentenciado a ocho años de prisión.
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Durante meses se ha especulado que Torres Félix se encuentra libre en los Estados Unidos y que porta un brazalete en una pierna, para su localización, pero esto nunca fue confirmado por las autoridades norteamericanas, a las que Ríodoce ha tenido acceso. Tampoco que durante estos años, el JT haya actuado como testigo protegido, lo cual se especuló durante el proceso que se le siguió antes de su sentencia, pues el juicio se encriptó para que nadie, salvo los interesados, conocieran sus pormenores.
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Sí quedó establecido, antes de que el juez ordenara mantener en secreto el proceso, que Javier Torres declararía en contra de algunos de sus coacusados, con el fin de reducir su propia penalización. Sin embargo, no se conocieron más detalles del proceso ni de la sentencia, pues el caso se selló por la Corte.
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De acuerdo con los archivos de la Oficina Federal de Prisiones de ese país, Javier Torres Félix obtendrá su libertad este 8 de abril del 2013, aunque la fecha original, de acuerdo a la sentencia que se le impuso, era el 16 de marzo. Pero Javier Torres fue castigado en prisión, porque compraba el tiempo de otros reclusos para hablar por teléfono. Y al ser descubierto le dieron 22 días más de castigo.
Inmediatamente después de cumplir su sentencia, el JT será escoltado por agentes federales a la frontera con México para su deportación, aunque, según fuentes consultadas por Ríodoce, no sería liberado en la frontera con México, como ocurriría con otros nacionales, sino que sería entregado directamente a agentes de la PGR, quienes a su vez lo escoltarían y encerrarían en una cárcel mexicana.
“Por lo general, a los narcotraficantes de alto perfil que se les extradita a Estados Unidos, al cumplir su sentencia allá se les regresa a México para que sigan enfrentando el proceso judicial que tienen pendiente, el cual les queda suspendido al momento de su extradición, no cerrado”, explicó un funcionario de la PGR en México, el cual solicitó no revelar su identidad.
Ni el Departamento de Inmigración y Aduanas (ICE), ni los Marshals de Estados Unidos (USMS), ni la PGR en México, revelaron en qué ciudad ni a qué hora se realizaría la deportación, “por tratarse de información confidencial”.
Chris Burke, del BOP, explicó que si a Torres Félix lo requieren las autoridades mexicanas, serán los US Marshalls quienes lo lleven a la frontera y lo entreguen directamente a agentes mexicanos, aunque aclaró que si fuera un ciudadano que no tiene cuentas pendientes con México, entonces el ICE sería la oficina responsable de su deportación, que lo repatriaría al no poder estar en el país sin documentos, como es el caso de mexicanos o demás extranjeros que son extraditados.
El misterio
Sin embargo, a unas horas de que el llamado lugarteniente de Ismael Zambada García sea liberado, se desconoce su destino. Las autoridades mexicanas se han negado a informar oficialmente si detendrán a Javier Torres una vez que sea deportado, o lo dejarán que tome camino libre, sin más cargos.
Cuando fue extraditado, el 29 de noviembre de 2006, horas antes de que Vicente Fox dejara la Presidencia de la República y entrara en su lugar Felipe Calderón, Torres Félix estaba bajo proceso, acusado de delincuencia organizada, portación ilegal de armas de fuego de uso exclusivo de las Fuerzas Armadas y homicidio contra un cabo de infantería.
El JT fue detenido por el Ejército mexicano la noche del 27 de enero de 2004, un día después de que un comando que él mismo encabezaba se enfrentó con elementos militares y donde murió un elemento de tropa. En la refriega cayeron muertos dos gatilleros.
Presentado por las autoridades castrenses como lugarteniente de Ismael Zambada García, el Mayo, fue detenido en una casa de seguridad de Colinas de San Miguel, durante un operativo silencioso, donde no se hizo un solo disparo y fue aprehendida también una jovencita que camino al aeropuerto fue dejada en libertad, según reveló años después quien en ese momento era comandante de la Novena Zona Militar, el general Antelmo Jiménez Jiménez.
Javier Torres fue trasladado a la Ciudad de México y encarcelado en el Reclusorio Norte de la capital.
Primera declaración
En su primera declaración ante el Ministerio Público Federal, Torres Félix negó haber participado en el enfrentamiento que se dio en El Tule, sindicatura de Las Tapias, donde murieron los dos sicarios y el cabo de infantería.
Narró que la noche que lo detuvieron, los soldados tumbaron la puerta de su casa y le ordenaron que no se moviera. Dijo que la casa la compraron él y una mujer, Jesús Barraza, con sus ingresos obtenidos por la venta de maíz y ganado.
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Reconoció que era de su propiedad una pistola Colt Super .38 automática, con cachas doradas con incrustaciones de zafiros, un reloj Rolex con brillantes y una cruz con cadena con incrustaciones de piedras preciosas, pero negó que tres bolsas de cocaína que le achacaron fueran de su propiedad.
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Sobre el enfrentamiento, dijo que no estuvo ahí, y alegó que “todo lo que pasa en Culiacán a mí me echan la bronca de que yo soy el culpable”.
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A pregunta expresa, reconoció que conoce a Ismael el Mayo Zambada y que la última vez que lo vio fue cuando los persiguió el Ejército, apoyado por helicópteros. Esto, dijo, ocurrió el 19 de octubre de 2001, cuando se dirigían a una fiesta que él mismo organizó, para festejar su cumpleaños, en un rancho de Cosalá, donde tocarían Los Canelos y Los Intocables.
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Javier Torres se refiere a una persecución que se dio la tarde del 19 de octubre cerca del poblado Los Mimbres, por el camino que va de la carretera Culiacán-Sanalona hacia la presa El Comedero.
Elementos del Grupo Anfibio de Fuerzas Especiales (GAFE) del Ejército, interceptó, a la altura del poblado Santa Ana, dos camionetas: una Suburban color rojo y una Pick Up, Cheyenne color negro blindada. Los persiguieron y al llegar a Los Mimbres, alrededor de cinco personas se dieron a la fuga. Les decomisaron los vehículos, poco más de 20 mil dólares, armas y más de mil municiones.
En la camioneta roja viajaba Javier Torres, según su propia declaración en el Reclusorio Norte.
En esa misma diligencia, el JT se reconoció en una licencia de manejo emitida por el Gobierno de Nayarit, donde aparece con el nombre de Horacio Tamayo Torres.
Le mostraron otra credenciales donde aparece con el nombre de Humberto Torres León y reconoció que se cambió de nombre a este, que era de un primo hermano de él, ya fallecido, y que se injertó cabello en la frente y la parte de atrás de la cabeza, para “evitar problemas”.
A partir de su detención, enfrentó un proceso de extradición por parte de los Estados Unidos que duró casi tres años, hasta que fue enviado a ese país el 29 de noviembre de 2006.
El Gobierno de los Estados Unidos, a través de su embajada en México, había solicitado el 28 de abril de 2004 la extradición de Javier Torres Félix, quien, según la nota diplomática 696, se identificaba también con los alias de Horacio Tamayo Torres, Javier Torres Osuna, el Three Three y el Compadre.
Ya había una solicitud previa, de julio de 2003, cuando la embajada de EU en México, mediante nota diplomática 776, solicitó la detención provisional con fines de extradición de Ismael Zambada García, Javier Torres Félix y Vicente Zambada Niebla.
Dicha solicitud corresponde a una orden de aprehensión que fue girada el 28 de enero del 2003 por parte de la Corte Federal del Distrito de Columbia, con sede en Washington.
Procesado en California, le validaron el tiempo que había estado recluido en México.
Pero tiene un proceso federal pendiente en su país, y según fuentes consultadas por este semanario, el JT enfrentaría procesos judiciales simultáneos en un juzgado federal y en uno del fuero común que tiene su origen en Sinaloa.
Fuentes de la Procuraduría de Justicia estatal informaron que Javier Torres tiene un proceso en esta entidad, pero que es “muy endeble”.
Sin embargo, no parece tan simple su situación, pues sus abogados defensores interpusieron en octubre del año pasado un juicio de amparo ante el Juzgado Cuarto de Distrito que hasta la fecha no se le ha concedido y que, como “papa caliente”, ha estado rodando hasta parar en un tribunal colegiado de Zacatecas.
2013: otro contexto
En enero de 2004, cuando fue aprehendido Javier Torres, el cártel de Sinaloa estaba constituido por las fuerzas de Joaquín Guzmán Loera, el Chapo, por los hermanos Beltrán Leyva, a cuya cabeza se encontraba Marcos (Arturo) Beltrán Leyva, el Barbas, por Juan José Esparragoza Moreno, el Azul, por Víctor Emilio Cázarez Salazar, el Licenciado, y por Ismael, el Mayo Zambada.
Torres fue presentado por el Ejército como uno de los principales lugartenientes de Zambada y esa categoría le dio también el Gobierno norteamericano durante el juicio.
Pero mientras Torres Félix vivía en las sombras, primero del Reclusorio Norte de la Ciudad de México y luego en cárceles gringas, el cártel se enfrentó a una sangrienta guerra interna que tuvo su origen en la aprehensión de Alfredo Beltrán Leyva, el Mochomo, y que estuvo a punto de hundirlo.
Otro frente se había abierto contra el cártel, cuando el presidente Felipe Calderón declaró la guerra al narcotráfico.
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En poco tiempo, sobre todo la estructura criminal de Ismael Zambada sufrió fuertes golpes. El 19 de octubre de 2008 fue detenido en la Ciudad de México Jesús Reynaldo Zambada García, hermano del Mayo y uno de sus principales operadores. Meses después, en marzo de 2009, fue detenido, también en el Distrito Federal, Vicente Zambada Niebla, hijo y heredero principal del imperio de Zambada.
El Gobierno golpeó también las finanzas del cártel con decomisos importantes de dinero (40 millones de dólares al menos, solo en 2008). En plena guerra murieron en enfrentamientos con el Ejército Mario Aguirre y Humberto Verdugo, los dos alfiles del Mayo Zambada. Y más recientemente cayó muerto Manuel Torres Félix, hermano de Javier, que se fue quedando poco a poco con la franja de poder que dejó el JT al caer en manos de la justicia.
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No son Sinaloa y México los mismos de 2004, cuando cayó el JT, o de 2006, cuando fue extraditado. Para empezar porque el PRI ha vuelto a Los Pinos. También porque el mapa criminal del país es otro muy distinto. El cártel de Sinaloa nunca había sufrido una guerra interna y ahora tiene que lidiar con enemigos en su propia casa.
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Las fuerzas de su comandante, Ismael el Mayo Zambada, están diezmadas. Presos el Rey y el Vicentillo, no tiene el Mayo a quién heredarle el poder ahora que está a punto de dejarlo hasta por cuestiones de edad o de salud. No por ahora. Vicente Zambada libra todavía una batalla legal del otro lado de la frontera y Jesús Zambada ni siquiera ha sido sentenciado.
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